Domingo de Ramos: la entrada al templo interior

· Yogarahasya

Jesús avanza hacia la ciudad santa, pero no esa de piedra o ladrillo, sino esa interior: la Morada del Ser.

Ese espacio santo, ese sanctum sanctorum, donde lo humano y lo divino se encuentran. Montado sobre un burro, símbolo humilde de la naturaleza terrena, no se trata de destruir lo que somos, sino de entenderlo y vivirlo en conciencia.

El Espíritu no rechaza la vida humana, la ilumina y santifica.

Al avanzar, la multitud agita hojas de palmas, signos de victoria y de realeza. Es el anuncio de la conquista más profunda: la del alma sobre sus propias sombras, la del ser que recuerda su original naturaleza.

Entonces resuena el clamor: “Hosanna”, sálvanos ahora. Tal como lo hemos visto en la filosofía oriental: “Atha”, ahora. Atha Yoga Anushasanam. El yoga es ahora, la enseñanza es ahora, el crecimiento es ahora, la salvación es ahora… siempre aquí, siempre ahora.

El Domingo de Ramos es el umbral. La entrada. El comienzo de un camino que no se detendrá en la celebración, sino que atravesará la purificación, la entrega, la muerte simbólica y, finalmente, la resurrección. Porque todo despertar auténtico exige una transformación radical.

Y así, cada vez que este día retorna, no lo hace para que lo recordemos, sino para que lo vivamos. Para que permitamos que aquello que es más alto en nosotros entre, tome las riendas y nos conduzca, no hacia la gloria efímera, sino hacia la verdad.

Porque el verdadero Domingo de Ramos ocurre cuando lo divino deja de ser una idea… y comienza a habitar, silenciosamente, en nosotros.

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