El silencio sagrado de Arunachala y Shantivanam

· Gustavo Plaza - Arjuna

Creo que necesitaré algunos días para asimilar y decantar todo lo sentido y vivido durante las meditaciones en el ashram de Ramana Maharshi y en la sagrada montaña de Arunachala.

La intensidad contemplativa de este lugar es tal que resulta difícil poner en palabras los silencios experimentados, las intuiciones que emergen y las realizaciones que se revelan. Hay vivencias que, por su profundidad, parecen desbordar cualquier intento de expresión.

Llegamos hasta aquí junto a Pablo d’Ors y un grupo de alumnos. Tanto Pablo como yo hemos coincidido en que la experiencia ha sido sublime.

Incluso mientras escribo estas líneas, siento que cualquier cosa que diga corre el riesgo de resultar superflua ante la inmensidad de lo vivido.

Para quienes no lo conocen, Sri Ramana Maharshi fue un maestro espiritual que, siendo apenas un adolescente, experimentó un despertar súbito y espontáneo a partir de una profunda experiencia interior de la muerte consciente. A partir de entonces, su vida quedó orientada hacia una indagación cada vez más profunda en la naturaleza del Ser, hasta reposar en el Dios-Silencio, el Dios-Paz y el Dios-plenitud: El Absoluto.

Mientras escribo estas líneas, me encuentro en el ashram de Saccidananda, conocido también como Shantivanam, fundado por el monje benedictino Jules Monchanin, con el apoyo de Henri Le Saux (conocido como Swami Abhishiktananda) y, posteriormente, de Bede Griffiths.

Son maestros y místicos a quienes he estudiado durante más de treinta años y cuya obra llegó a mi vida gracias a las enseñanzas de mi querido maestro, el Padrecito César Dávila.

También ellos, profundamente tocados por el encuentro con la espiritualidad de la India y, particularmente, por la experiencia de Ramana Maharshi, emprendieron un camino de contemplación e indagación en el misterio último de la existencia.

Desde Shantivanam buscaron tender un puente entre la profundidad de la experiencia contemplativa de Oriente y la riqueza espiritual del mensaje de Jesús, abriendo un espacio de encuentro entre las tradiciones cristiana e hindú.

Por ahora, no quiero extenderme más. Ya habrá tiempo para compartir detalles, reflexiones y algunas de las experiencias vividas en estos días. Hoy, sencillamente, quiero hacer extensivas estas bendiciones a mis amigos, alumnos y compañeros de la senda espiritual.

Que el Silencio que aquí se revela, la Paz que nace de la contemplación y la Luz que nos conduce hacia lo esencial puedan tocar también sus corazones.

Les envío un abrazo profundo y todo mi cariño.

Om Tat Sat

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