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Yogarahasya
om ajñāna-timirāndhasya jñānāñjana-śalākayācakṣur unmīlitaṁ yena tasmai śrī-gurave namaḥ
”Ofrezco mis más humildes reverencias a mi maestro espiritual, quien abrió mis ojos con la antorcha del conocimiento cuando mi corazón se encontraba sumergido en la oscuridad más profunda.”
En el camino del Yoga, en la senda de la meditación y del cultivo interior, un maestro no es una obligación del cuerpo, pero si una llamada del alma.
Un maestro no es necesario… un maestro es INDISPENSABLE.
Un maestro es esencial, imprescindible, vital. Sin un maestro, dicen las Escrituras de la India, no hay verdadero avance; sin la bendición del guru, no hay forma de alcanzar la realización espiritual.
Tuve la fortuna de encontrar a mi maestro siendo muy joven, en la figura insigne del Padre Dávila. Su guía se convirtió en la energía luminosa detrás de mi mente y de mi corazón, para atravesar este mundo de dualidades y claroscuros con la antorcha del Espíritu encendida.
Hoy, en el día de su nacimiento, Día de Todos Los Santos, deseo recordarlo y reverenciarlo.
La deuda con el maestro es una deuda que jamás se puede pagar. Sólo se honra. Sólo se expresa viviendo su enseñanza.
Sigamos su ejemplo de oración, silencio, contemplación y meditación.
Sigamos transmitiendo su luz.
Gracias por acompañarme y ayudarme a continuar con esta transmisión.
Gracias porque muchos de ustedes también me ayudan a llevar su mensaje de vida interior a muchos rincones con su propia enseñanza.
Gracias, Padrecito Dávila.Feliz cumpleaños.
Jai Guru.